Cine: Dredd 3D

 

Ascenso de un héroe de acción

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GABRIEL DE LERMA | gabriel@gabrieldelerma.com

Desde que se ganó el respeto de los fans interpretando dos papeles regulares, Cupido y Julio César en la serie de televisión Hercules: the Legendary Journeys y posteriormente en su derivación, Xena: Princess Warrior, Karl Urban, llamó la atención por una notable presencia física y una voz muy grave.

Lentamente el actor, nativo de Nueva Zelanda, fue subiendo los escalones de la fama, primero en su tierra natal, donde participó con un papel de reparto en la trilogía de The Lord of the Rings, para luego dar el salto a Hollywood, donde participó en otras famosas películas de acción como The Chronicles of Riddick, The Bourne Supremacy y la Star Trek de J.J. Abrams.

En esta última se dio el lujo de interpretar al doctor Leonard “Bones” McCoy. Y aunque alguna vez se mencionó su nombre como uno de los potenciales candidatos a reemplazar a Pierce Brosnan como el nuevo James Bond, Karl Urban se ha convertido finalmente en protagonista con otro personaje legendario, aunque en este caso por las razones equivocadas.

Se trata nada menos que de Judge Dredd, el mismo que encarnó Sylvester Stallone en 1995 en uno de los grandes fracasos de su carrera. Sin embargo, para este hijo de alemanes haber conseguido el papel es un sueño hecho realidad, ya que desde adolescente ha sido fan del personaje creado por el dibujante español Carlos Ezquerra y publicado en Inglaterra a partir de 1977.

“Cuando lo leí por primera vez me sentí intrigado por este enigmático justiciero, y también por el mundo de ciencia-ficción en el que habita”, explica Urban en entrevista exclusiva, y luego agrega, “por eso cuando tuve la propuesta de participar en esta película no me pude resistir. No solo por el guión de Alex Garland, que trataba al personaje con respeto y autenticidad, sino porque es una historia divertida y llena de acción”.

En Dredd 3D, una superproducción de $45 millones, Urban encarna al peculiar juez que en un caótico mundo del futuro es enviado a sitios peligrosos con la misión de imponer el orden a toda costa, ayudado por un macizo uniforme y un casco que impide que se le vea la cara. “Comunicarme con la audiencia sin usar mis ojos fue un gran desafío, pero a la vez este es un personaje que controla totalmente sus emociones. Nunca demuestra demasiado. Por eso, para mí fue muy importante encontrar su humanidad. Tuve que descubrir cuál es su sentido del humor, dónde está su compasión, qué lo agota. Todas esas características sirvieron para humanizarlo como personaje”, revela.

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