Cine: The Deep Blue Sea

 

Una versión más profunda

See video

RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE/EL NUEVO HERALD

En la obra teatral The Deep Blue Sea (1952), Terence Rattigan delineó para siempre la tragedia del amor no correspondido. Hester Collyer deja confortable y prefijada existencia con un marido que la adora y ella no ama. Se va con un amante a quien idolatra y recibe idéntica indiferencia emotiva. Para Hester, la muerte es puerta de salida al dilema que la encierra.

Ella pasa de una elegante mansión a un apartamentito del siniestro Londres de la reciente postguerra. El esposo (Simon Russell Beale) está dispuesto a perdonar el adulterio, pero Rattigan en su obra teatral y Terence Davies en su adaptación al cine prefieren ahogarse en ese mar profundo y azul.

El nuevo filme refrena las pasiones que Anatole Litvak desató en su versión de 1955, con la fragilidad incomparable de Vivien Leigh. La Hester Collyer de Rachel Weisz regresa a la firmeza de carácter que Peggy Ashcroft le dio al personaje en el estreno de los escenarios de Londres, copiada con un rictus de frialdad por Margaret Sullavan cuando se trasplantó a Broadway. Se echa de menos la ternura atormentada de Vivien, pero Weisz busca algo distinto en la inconformidad algo banal de esta mujer que Rattigan sometió a quizás despiadado sicoanálisis.

Terence Davies, famoso por el realismo nostálgico de sus documentales, permite que la música hable por sus personajes, con determinado énfasis en el concierto para violín y orquesta de Samuel Barber. Igualmente se apoya en la fotografía de Florian Hoffmeister para explorar dos mundos. Lóbregos túneles del subterráneo asfixian a esta dama habituada a viajar en taxi o con chofer particular. Su nueva, descolorida vida, se le antoja mísera y el glamoroso ex piloto (Tom Hiddleston), idealizado en tiempos bélicos, se le ha vuelto un borracho capaz de irse a jugar golf cuando ella arde en incertidumbre. Kenneth More era más justificable en la versión de Litvak en 1955, igual que Emlyn Williams haciendo de inflexible juez.

Un crítico cínico dijo una vez que –en The Deep Blue Sea– Hester Collyer es secretamente la villana que tortura a hombres incapaces de satisfacer su voracidad espiritual. Terence Davies estudia su romanticismo enfermizo en el trabajo impecable, implacable, de Weisz. Hay abismos distintos e insondables en el mar de fondo de esta película dura y antisentimental.

Speak Up!