Cine: Chicken with Plums

 

Una receta bien cocinada

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René Jordán | El Nuevo Herald

Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud obtuvieron inesperada nominación a un Oscar de la Academia por secuencias de animación del filme iraní Persepolis, basado en la novela gráfica de Satrapi, en la que combinaba elementos autobiográficos, referencias familiares y alusión a incidentes políticos de la historia iraní.

Tras la nominación al premio en 2008, llega ahora Chicken with Plums, el nuevo filme de los cineastas, con enigmático título gourmet de ignota receta. Satrapi lo ha basado en recuerdos de su clan acerca de un pariente lejano. La autora evoca sus peripecias en inspiración surrealista, menos confiada en la animación que la ya famosa Persepolis.

Este exquisito “Pollo con Ciruelas” se cocina en el Teherán de 1958, con súbitos saltos jeroglíficos al pasado y al porvenir de Nasser-Ali Khan (Mathieu Amalric), violinista de fama mundial. Fatalmente casado con la malévola Faringuisse (Maria de Medeiros), ve como ella, en un arrebato de rabia, destruye su invaluable violín. Le ofrecen sustitutos, incluso uno, de estirpe legendaria, que perteneció a Mozart, pero ninguno iguala el tono de aquel cuyas cuerdas quedaron irreparables.

Nasser-Ali cae en depresión sin límites y –como usualmente se dice– se tira a morir. Confinado al lecho durante ocho días, invoca la aparición de Angel de la Muerte, Azrael (Edouard Baer). La mente febril de Nasser-Ali vuela al pasado, cuando cursaba estudios de música en Shiraz y conoció a Irane, la más bella entre las bellas, cuyo estricto padre prohibió totamente las relaciones de la desdichada pareja. En este segmento, Irane funciona como una metáfora de la nación traicionada por los compromisos políticos.

Así fue el pasado y en proyeccción hacia el porvenir vemos ya adulta a la hija Lili (Chiara Mastroianni) y al hijo ya adulto Cyrus (Christian Friedel), que acaba en América en miserable vivienda, con intragable comida y familia de odiosos obesos. Pero la película no es lúgubre y las imágenes en blanco/negro se iluminan con brillantes toques del Technicolor experimental. Y en todo momento está la partitura de Olivier Bernet, confiriéndole gloria sinfónica a la demencia melodramática. • 

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