Cine: Argo

 

La realidad mejorada por el cine

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Muchas cosas sucedieron de verdad y no se pueden poner en película. Hace falta un talento especial para hacer que lo real parezca verosímil. Argo es una de las mejores del año porque Ben Affleck posee ese don de impartir realismo.

Los sucesos increíbles de Argo tuvieron lugar en Irán en 1979 cuando revolucionarios armados ocuparon la Embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron al personal en calidad de rehenes. Seis empleados lograron escapar por una puerta trasera y se refugiaron en la residencia del embajador canadiense. Se mantuvieron encerrados porque la implacable Guardia Revolucionaria mataba norteamericanos en las calles.

En Washington, Tony Méndez, agente en activo de la CIA, concibió un plan de rescate. Anunciaron en la prensa la filmación de una película y abrieron oficinas supuestamente de Hollywood, con Alan Arkin como productor de una película ficticia titulada Argo.

En falsa actividad ante las cámaras, lograron trasladar al aeropuerto a los seis rezagados. La historia de Tony Méndez y su hazaña fue declarada de espionaje secreto hasta que en 1997 el presidente Clinton levantó la prohibición. El caso llamó la atención de Ben Affleck, con idea de hacer la película interpretando a Tony Méndez. Sueño imposible de un actor en aquel momento desacreditado.

Affleck comenzó bien en Hollywood, compartiendo con Matt Damon el Oscar al Mejor Guión por Good Will Hunting. Después Damon avanzó y Affleck se estancó en superproducciones como Pearl Harbor. Un romance con Jennifer López invadió la prensa chismográfica donde les dieron el sobrenombre de Bennifer. En pareja protagonizaron la pésima Gigli. Ben prosiguió con Surviving Christmas, aun peor.

Escribió el guión de Gone Baby Gone, reclamando su buena fama del Oscar por Good Will Hunting. Insistió en dirigirla y por sorpresa lo consiguió, recibiendo muy buenas críticas. Inmediatamente se anotó otro éxito con The Town. Pero ambas se filmaron en Boston, que Ben se conoce como la palma de su mano. Más complicado era filmar en Irán, pero a Tony Méndez le impresiono el libreto de Ben y Argo, la del nombre inventado, se hizo realidad aclamada en Toronto.

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