Cine: 360, sexo sin seso

 

El tesoro lujoso y lujurioso sigue tentando a ladrones

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

En la Viena de 1897, Arthur Schnitzler le dio vueltas a la obra teatral La Ronda, donde el sexo-amor igualaba las clases sociales de prostituta-soldado a burócrata-aristócrata para regresar al oscuro callejón de ramera a cabo de la guardia. En el París de 1950, Max Ophuls marcó el ritmo en cine de La Ronda, con un sublime reparto de Darrieux-Joyeux-Gelin-Signoret girando en el erótico carrusel de Anton Walbrook. En l96l, Roger Vadim puso a su mujer del momento, Jane Fonda, a saltar de cama en cama sin maestro de ceremonias en otra Ronda medio coja.

El tesoro lujoso y lujurioso sigue tentando a ladrones de menor cuantía para saquear otras Rondas y ahora le metió mano Fernando Meirelles con el no muy despistable título de 360, indicando la ronda redonda del círculo, para esconder debajo del colchón otro jueguito con sexo y sin seso.

El guión refaccionado es del inglés Peter Morgan, el de The Queen y Frost=Nixon, en tono apolítico pero obedeciendo la tradición de empezar con una prostituta eslava (Lucia Siposova) contratada para una cita en París con un británico vendedor de autos (Jude Law), que la planta a última hora para encontrarse con su esposa (Rachel Weisz).

La casada resulta infiel y también planta al marido por ir a verse en secreto con un brasilero muy sexy, que su vez vuela a Denver, Colorado, para caer en brazos de una checa (Gabriela Marinkova), que igualmente deja plantado en un aeropuerto al filosófico cincuentón (Anthony Hopkins). Gabriela se interesa en el mucho más joven Ben Foster, que acaba de salir de la cárcel donde cumplió sentencia por delitos carnales. Para no perder la costumbre, esto acaba con otra prostituta cuando ya el público se prepara a hacer urgente mutis por el foro, con tristes recuerdos del gran filme de Ophuls.

En 360, disfrazaron a La Ronda con numerito equivocado, porque ni así se sacaron la lotería sin billete.

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