Cine: 'The Fault in Our Stars'

 

Una historia de amor entre dos jóvenes enfermos de cáncer.

Fault In Our Stars image

Por Pilar Ayuso

Bajo la misma estrella, así se conoce en castellano la novela de John Green, el best seller del autor de libros para jóvenes adultos, que tiene entre este grupo sus mayores fans. La historia, de tintes trágicos, permanece bastante fiel a la línea argumental en la gran pantalla. Pero Josh Boone en la dirección y el dúo de guionistas Scott Neustadter y Michael H. Weber (The Spectacular Now) rizan el rizo del melodrama, y les ha salido un filme muy bonito pero terriblemente sensiblero.

La historia tiene como protagonistas a dos adolescentes, ambos muy enfermos de cáncer, que se conocen en un grupo de apoyo. Ella es Hazel (Shailene Woodley), tiene 16 años y lleva una sonda de oxígeno, cuyo balón carga a todas partes en una mochilita con ruedas. El es Auguste (Ansel Elgort), un chico de 18 años que también lleva su “carga” consigo. Ambos son bellos y encantadores, Hazel con su rostro angelical, Gus con su sonrisa seductora que haría suspirar a muchas chicas. Ambos se enamoran profundamente, pero la muerte es una negra y constante sombra, rozándoles sus cortas vidas.

En medio del drama hay un momento interesante, en el que ambos harán un viaje a Amsterdam para conocer a su escritor favorito, que en el filme interpreta Willem Dafoe. Las cosas no resultan como esperaban –recordemos que en esta historia las estrellas no ayudan–, pero hay una escenita en la que van a visitar la casa, hoy museo, de Anne Frank, y dan ganas de quedarse allí, viendo el asombroso escondite de la entrañable niña judía.

Habría que dedicar unas líneas a la reacción del público asistente al estreno de este filme, porque casi nunca se escuchó en la oscuridad de una sala un coro más acoplado de suspiros, sollozos y gemidos, e incluso una risa nerviosa, como psicológico mecanismo de resistencia, estalló en medio de la congoja colectiva. Bien por los cineastas, que lograron dirigir a su antojo las emociones, mover las fibras más sensibles del espectador con una historia delicadamente bordada de dramáticos golpes por donde más duele.

Llorar es un placer reza el título del magnífico libro del escritor cubano Reynaldo González, que hablaba del poder manipulador de las novelas radiales en los sentimientos de la audiencia. La irónica sentencia le podría servir bien a este filme que muchos amarán gustosos y harán de la sala oscura su valle de lágrimas.

Speak Up!