Cine: 'Noah'

 

Entre el cielo y los hombres.

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Por Pilar Ayuso

La fábula bíblica de Noé y su arca se transforma en imágenes cinematográficas de la mano de Darren Aronofsky. El director de títulos como Black Swan muestra una sensibilidad especial al sumergirse en sus complejos temas metafísicos y humanos, y con su personal interpretación de la historia del patriarca Noé, se lleva un nuevo laurel.

El mundo está corrompido por la maldad de los hombres y Noé (Russell Crowe) anda en busca del consejo de su abuelo, el viejo y sabio Matusalén (Anthony Hopkins). Debe librar batalla con sus semejantes, pero tiene de su lado a gigantes de piedra. Son “vigilantes”, dice a sus hijos, castigados por el Creador, que andan desperdigados por la tierra estéril (recuerdan más bien a los hombres bionicles de juegos infantiles). Noé trata de entender lo que está a punto de ocurrir. Vio la muerte en un sueño, por agua, pero también ha visto la vida. Su abuelo tiene la clave: el Creador lo eligió para salvar las especies del inminente fin de los hombres.

Un preámbulo, demasiado largo, anuncia la destrucción y la muerte, pero la historia adquiere un tono muy divino con la construcción del arca, con los bellos paisajes naturales que rodean la épica aventura, y pares de “todo animal que se arrastra sobre la tierra” yendo a refugiarse a la enorme nave en vísperas del diluvio. Aronofsky introduce pequeños conflictos en la fábula bíblica, como que dos de los hijos de Noé y su esposa (Jennifer Connelly) no tienen su par femenino, o que una joven (Emma Watson), a quien salvaron de la muerte, es estéril y no podrá prolongar la especie; detalles que matizan la odisea de los viajeros. Pero la gran novedad que nos trae la historia es la decisión final del elegido, siguiendo órdenes del cielo, de sacar del plan de salvación divina también a los descendientes de su propia familia.

Sobreviene otra guerra, de tono ético, dentro del Arca. Noé piensa que los hijos de Adán ya no son dignos de pertenecer al nuevo principio, ni siquiera ellos. Ha decidido cumplir su misión: la criatura humana morirá con el más pequeño de sus hijos varones. ¿Deberá este Noé regirse por los cielos o por su propia voluntad?, ese es su dilema y la gran extravagancia del diluvio de Aronofsky.

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