Cine: 'Lone Survivor'

 

Sobrevivir a toda costa.

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Por Pilar Ayuso

Peter Berg ( Battleship) dirige uno de esos filmes a prueba de espectadores somnolientos o apáticos. Lone Survivor tiene el estilo de títulos como Zero Dark Thirty o The Hurt Locker, en las que una circunstancia bélica, tensa y adrenalínica, pone a hombres al límite de su capacidad psicológica y humana.

Dedicado a los caídos en la operación Red Wings, que tuvo lugar en Afganistán en el 2005, el filme destaca la valentía del equipo de élite de los Navy SEALS a cargo de la misión. En los créditos se muestran, en tono documental, entrenamientos durísimos. Hombres hechos con la dureza del acero, de cuerpos dominados por la mente que se esfuerzan más allá de sus capacidades físicas.

En el campamento afgano todos tienen barba (Mark Wahlberg a la cabeza del reparto, encarna al sobreviviente real Marcus Luttrell), menos un novato (Alexander Ludwig) ansioso de acción. Luego de un baile a modo de simpática presentación, ante los chiflidos de esta especie de hermandad que forma con sus compañeros, su discurso para convencerlos de su preparación suena como lema guerrero. Más adelante la historia olvidará olímpicamente a este personaje, pifia imperdonable.

Todo el inicio nos prepara para la operación protagonizada por un grupito de avanzada; gran secuencia llena de suspense. Agazapados en los cerros de la región, a la caza de un cabecilla talibán, los cuatro hombres son sorprendidos por un anciano y dos muchachos –casi niños– que pastorean cabras. Tras ética discusión sobre qué hacer con ellos, los marines se comportan con humanidad ante los civiles desarmados, aunque no resulten tan inocentes. Pero una desafortunada frase del guion, ensombrece la imagen de un soldado: “Usted se acaba de ganar la lotería”, dice, con la jactancia de quien decide la vida y la muerte de un ser humano.

Nos espera un desigual combate de cuatro contra todos los talibanes juntos, en peliagudo terreno rocoso. La escaramuza –con muy logradas escenas de acción– dura largo tiempo, la carnicería es angustiosa. Los cuerpos de los marines, cual si fuesen de goma, cayendo por enormes quebradas, agujereados a balazos y aun batallando, ofrecen un espectáculo difícil de creer. Resistir a toda costa es la orden interna que sostiene a los hombres, la que los empuja a seguir, más muertos que vivos, en una situación que rebasa lo humano. Solo uno conseguirá sobrevivir, como adelanta el título, amparado por un viejo código de honor de los pobladores afganos.

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