Cine: 'Camionero'

 

Tragedia griega a la cubana.

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By Pilar Ayuso

Camionero, cortometraje del cubano Sebastián Miló, se interna en tema duro y descarnado: el de la intimidación o bullying escolar, y lo sitúa en un contexto cubano de la década de 1970 cuando –hasta hace pocos años ocurría así– los adolescentes eran separados de las familias para ser enviados a centros educacionales en el campo, donde alternaban el estudio con el trabajo agrícola. Allí, en el incontrolable y libre albedrío que ofrecían los albergues dormitorios, solía darse el terreno fértil para el choteo a los más débiles o diferentes del resto, el desprecio a la individualidad y todo tipo de crueldades protagonizadas por las pandillitas de turno.

Inspirado en el cuento A la vencida va la tercera, de Yomar González, la historia que nos trae Camionero reivindica a las víctimas de abuso – y reales casos de suicidio– en las llamadas escuelas modelo del socialismo cubano. El director del centro declarado vanguardia (Osvaldo Doimeadiós) le pone la nota local usando en su discurso la verborrea clásica revolucionaria, como “los factores de la provincia” (refiriéndose a personas con cargos provinciales). Otras expresiones como “trajín” (el joven que se deja molestar por todos) son originales de la jerga adolescente de la época.

Randy (Antonio Alonso) es diferente e introvertido. Su actitud es la del muchacho vejado psicológicamente, que aguantará sin defenderse, sin pronunciar palabra. Randy desea ser camionero; ante la incomprensión social busca la soledad, el retiro o escape que para él significa andar solo en un vehículo y perderse en los caminos. Guarda en su taquilla una postal religiosa, neurálgico motivo de mofa y humillación. Un grupito asume los patrones de la intimidación: operan varios juntos y tienen un líder (Reiner Díaz), al frente de los ataques, que en las duchas llevan trasfondo de abuso sexual. Y está el resto de los compañeros, una anónima masa que ha escogido enmudecer. Pero en el grupo hay un valiente que se niega a callar, Raidel (Héctor Medina). Y es su voz en off la que cuenta esta historia.

El filme toma inquietante derrotero, por la vía del enfrentamiento y la venganza sangrienta. Dominan las crudas imágenes sobre los pocos diálogos. Una secuencia crucial lleva fondo musical de plácida melodía: La muchacha de la valija, de Fausto Papetti, que funciona como recurso de distanciamiento ante la sordidez que muestra. Miló logra una pequeña obra llena de fuerza dramática, bien calzada por una banda sonora que le da el tono altisonante a esta especie de tragedia griega en beca socialista.

El corto ‘Camionero’ se presenta junto al largometraje cubano ‘La partida’, en el teatro del Koubek Center del Miami Dade College, del 7 al 20 de febrero.

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