Cine: '7 Cajas'

 

Un ‘thriller’ sobre carretillas

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Por Pilar Ayuso

La idea del filme indie de los paraguayos Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori es muy original. La pareja de cineastas sitúan su historia, de género thriller criminal, en un populoso mercadillo de Asunción (el Mercado 4), laberíntica plaza colmada de quioscos, verdulerías, puestos de comida, tiendecitas de electrodomésticos y los artículos más inimaginables.

Víctor (Celso Franco), carretillero de 17 años, va por las intrincadas callejas junto a sus colegas, disputándose a los clientes para llevar sus mercancías. Allí, en las ocho manzanas que abarca el comercio, se ha tejido un cuento lleno de intriga y dinamismo. Una guerra entre carretilleros y carniceros en torno a siete misteriosas cajas.

Con pulso ágil, vertiginoso, corren las imágenes del filme. A Víctor, que sueña con tener un teléfono celular con camarita y verse un día como actor de culebrones en las pantallas que exhiben los televisores del mercadillo, le ha caído un trabajito que suena muy tentador: transportar una carga, cuyo contenido desconoce, a cambio de una buena suma, de la que el carnicero contratante le adelanta la mitad rasgada de un billete de $100.

En cada tramo de mercado que el muchacho recorre, la misión se complica en eslabonada carrera de obstáculos. Una chica, Liz (Lali González), de pulóver anaranjado, lo acompañará parte del viaje como una especie de molesto ángel de la guarda; otros personajes con sus historias integran pequeñas subtramas: la pandilla de carniceros y el tipejo miope que tienen de cabecilla, las jóvenes cocineras y los dueños coreanos de un local de comida, una vendedora de celulares, los guardas que merodean el lugar. Todos, ligados al mundillo del mercado, giran alrededor del misterio que guarda la carga encomendada a Víctor.

Nadie habría podido imaginar lo que hay en esas siete cajas. Pero el secreto se revela pronto, y el nudo dramático resulta un poco ingenuo al desmadejarse. No obstante, la narración tiene la cualidad de regenerar más conflicto, las ruedas de las carretillas continúan sacando chispas por nuevos vericuetos dramáticos. Un curioso duelo entre carretilleros y una carrera competitiva entre Víctor y Liz a través del mercadillo, están entre las mejores escenas. Muy fresco y lleno de color local, el filme, en el que se habla el español mezclado con la nativa lengua guaraní, tiene su gran atractivo en el escenario en que nos sumerge: un inframundo de pobreza, violencia y lucha por la subsistencia, con mucho de surrealismo latinoamericano.

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