Buika regresa con su voz poderosa al Arsht Center

 

Buika regresa en concierto este domingo con temas que hablan sobre vivencias propias y ajenas.

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Por Arturo Arias-Polo

Convencida de que los artistas salen al escenario “a cumplir una misión”, Concha Buika prepara su equipaje musical para el concierto del domingo 1 de diciembre, con temas que hablan sobre vivencias propias y ajenas, miedos que no ha superado y aquellos temores a los que ha sobrevivido a lo largo de su trayectoria musical.

Fiel a su costumbre de no anticipar qué ocurrirá frente al público “porque la música es como un animal vivo que no se puede domar”, la intérprete regresará a la escena del Adrianne Arsht Center for the Performing Arts acompañada al piano por Iván “Melón” Lewis y Ramón Porrina, en la percusión flamenca.

La presentación forma parte de una gira por varias ciudades del país en la que incluye temas de La noche más larga (Warner Music Latina), su nueva producción discográfica.

Buika detesta las clasificaciones. Y si le da igual que la consideren “flamenca” o “jazzista” obedece a que, para ella, lo importante es “ser sincera frente al público”.

“Los dos géneros representan las pureza de lo que recordamos. No tengo preferencia por ninguno”, explicó la cantante a El Nuevo Herald, tras confesar que su nueva aventura musical, en la que fungió de coproductora, junto con Lewis y Porrina, es lo más valiente que ha hecho en los últimos tiempos.

“La tribu, el público, está forzada a escuchar lo que dicen los mandamases de las disqueras”, precisó. “Pero una vez que el artista se da cuenta de que alguien pretende esconderle sus armas, no le queda otra opción que tomar el toro por los cuernos para no ser víctima de la aprobación de nadie”.

El disco contiene versiones libérrimas de Siboney (Lecuona), Ne me quitte pas (Brel) y La nave del olvido (Ramos), aquel éxito de José José por el que se hizo acreedora de una nominación al Grammy Latino 2013, en la categoría Mejor Grabación del Año.

Buika recordó que mientras realizaba la selección de los temas se liberó de sus egos y “del de los otros”. Y hasta que completó la entrega se pasó una semana sin apenas comer, en compañía de “una botella de ron”.

“Solo tengo que escuchar mi entorno para saber lo que ocurre en el mundo”, afirmó la cantante, que escogió Yo vengo a ofrecer mi corazón (Páez), tras sintonizar un noticiero, y Don’t Explain (Holiday-Herzog), cuando supo la cifra de mujeres que padecen la violencia de género.

“Hay mucha gente que necesita ayuda y los artistas podemos dársela porque somos más fuertes de lo que creemos”, dijo la cantautora de 41 años. “Después de haber hecho cuatro giras mundiales, me doy cuenta de que todos perseguimos las mismas cosas y nos queremos más de lo que aparentamos”.

Buika dijo que no temió cantar éxitos ajenos en La noche más larga porque con solo “sentirlos” obtuvo la licencia para recrearlos en su voz. Y el hecho de que “siempre haya personas dispuestas a escucharlos”, la impulsó a grabarlos, sin pensar en los riesgos del mercado.

“Eso no significa que no me preocupe por la ventas. Pero yo me juego algo más que el dinero: quiero que mi nota sea libre y nunca tenga miedo de volar”, señaló.

Sobre Sueño con ella, Cómo era, Los solos y el resto de los temas de su autoría que aparecen en el disco, comentó que si se demoró tanto en darlos a conocer fue porque “la música no tiene tiempo, sale cuando decide…”.

La intérprete mallorquina recordó que cuando llegó a la conclusión de que “a los tontos nadie los aplaude”, decidió abrirse paso inspirada en Julio Iglesias, Celia Cruz, Lola Flores, las estrellas del heavy metal y “una larga lista de intérpretes” que conformaron su estilo. Pero eso es agua pasada.

Desde que Buika se dio a conocer con su álbum Mestizüo, en el 2000, su trayectoria ha ido creciendo en cada nuevo trabajo discográfico, las giras y a través de sus colaboraciones con músicos del calibre de Antonio Carmona, Javier Limón, José Luis Perales, Chick Corea, Bebo y Chucho Valdés. De ahí que no resultara fortuito que El último trago (2010) recibiera el Grammy Latino como Mejor Album Tradicional Tropical.

“Siempre fui melómana”, evocó la cantante, que vive en Miami con Joel, su hijo de 14 años, que le “salió” pintor, y su hermana Polita, su “ángel de la guarda”.

“Miami me ha devuelto la sensación de luchar por una tierra”, aseveró la cantante. “Como es un lugar donde confluyen personas de tantas nacionalidades, no tiene una identidad propia. Sin embargo, esta ciudad recibe a todos los que la aman y sean capaces de luchar por ella”.

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