Big Fish

 

En Big Fish, la rumba, el baile, es un mundo serio...

Big Fish.
Sharon Whaler y Marina Lara. Foto: Alex Mateo de Acosta
 

Por Arturo Bayona

Juan Carlos Llorente es un español como pocos. De buen comer, estricto conocedor de los vinos reservados, enemigo de las comidas rápidas, habitante de Miami desde hace cinco años.

Hace una semana, como es su costumbre, Llorente, de 49 años, hizo su habitual plan de casi todos los viernes: ir a Big Fish cuando bien puede, el legendario restaurante sobre el río Miami, muy cerca de la avenida Brickell, a solo pasos del centro de la ciudad, cerca del corazón Miami, de todo lo que lo rodea.

En Big Fish, la rumba, el baile, es un mundo serio. Serio en el sentido de que se tiene y se cuenta con todas las posibilidades de agotar las ganas de bailar y de divertirse al ritmo de un DJ que se encarga de no dejar a nadie sentado. Es una rumba larga, abierta a la noche y con límites tan especiales y bellos como el río Miami. Se baila desde rock hasta merengue. Baila el que va en plan de comida o el que va con ganas de fiesta. Todo se integra en este lugar que, con aires de club nocturno, tiene la alternativa de ser un gran bar y excelente restaurante.

Es una fiesta que empieza cuando la tarde cae. Una fiesta de gente que trabaja o vive en el sector, cada vez más intenso en su vida nocturna, de baile y rumba, de largas jornadas de tertulias y reuniones de amigos. Así es en Big Fish, un lugar lleno de fantasia para la fiesta cuando llega la noche, y de muchas alternatives culinarias cuando se trata del almuerzo o la cena.

Allí la comida es un universo tan serio como inmenso. Si se quiere pescado, es fresco y preparado con delicadas hierbas tan extrañas como exquisitas. La paella es como si comiera en el centro de Madrid. De la misma frescura, preparada con idéntica dedicación y conocimiento, de aquel natural sabor ibérico, pero con la diferencia de que en este restaurante la vista golpea y termina bien sea hacia la Miami vertical y urbana, o hacia el río, donde muchos barcos cruzan por el lado de este lugar como si se tratara de una calle cualquiera.

Big Fish es un restaurante y un bar como pocos. Dentro del mar, pero lejos de él. En otras palabras, con la sensación de estar sentado a la orilla de estos mundos, del río dulce y del mar abierto y extenso. Unas mesas sobre la orilla son como pequeños puertos de este restaurante. Rodeadas y acorraladas por el río y ubicadas entre matas y una decoración sobria pero impactante. Es un lugar tranquilo en apariencia. De hecho, lo es por el paisaje que allí se respira, pero cuando la tarde va cayendo, Big Fish se convierte en el escenario de una gran multitud que llega a medida que la noche transcurre. Acá se come bien, se toma vino, no siempre rojo, mucho blanco en realidad, por aquello del pescado, su mejor plato; se oye buena música y, lo mejor, se está acompañado por la brisa de Miami que siempre suele atacar bien seaen verano o en invierno.

''Es de mis lugares preferidos de Miami, dice Llorente. ''En general, en Miami la vida nocturna es tan buena como lo que se puede cenar en cualquiera de sus miles de restaurantes. Pero Big Fish es especial. Es delicioso, no sé, es único.

Como buen bar los tragos son el detonador que enciende los ánimos de este particular lugar cargado de encantos y, en especial los viernes, cuando la fiesta comienza a eso de las seis de la tarde con unos pequeños platos y unos vinos, para terminar con algo más fuerte, con una faena que pudiera llegar hasta la madrugada.

Pero en Big Fish el ánimo va despacio. No tiene el furor, ni lo pretende, de una discoteca. Aquí todo va por momentos, por una buena cena primero, con el apoyo de un vino blanco frío, para después dar paso a lo que la noche o la tarde traigan. Así es este sitio. Discreto y encantador, tímido pero explosivo.

''Creo que no hay lugar en Miami donde se coma mejor y se pase tan rico, dice María Antonieta Pavía. ''Siempre que quiero consentirme vengo aquí con mi esposo, donde está el mejor pescado de la ciudad, para no hablar de la paella.

Si usted es como Llorente, aquel ciudadano español que poco tiene de dócil y de generoso a la hora de exigir una buena comida en un buen lugar, Big Fish seguro cumplirá con todas sus expectativas. Porque si aquí la comida supera los límites de la alta culinaria, ni qué se diga de su universo interior. De ese ambiente que une a lo mejor de Miami, a lo urbano con el agua, bien se trate del mar o de un río.

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