Bancroft Supperclub

 

Parte restaurante, parte lounge y parte club nocturno, el Bancroft Supperclub representa dignamente a la afamada movida de South Beach.

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Por Sandra Palacios/El Nuevo Herald

Parte restaurante, parte lounge y parte club nocturno, el Bancroft Supperclub representa dignamente a la afamada movida de South Beach, con todo el glamour, brillo y "protocolo'' que atrae todos los días a cientos de trasnochadores en busca de esa energía que solamente se consigue en los recintos playeros.

Bancroft ya no es tan sólo ese boutique hotel construido en 1930, representante insigne del Art Deco; ahora, luego del pincelazo del diseñador Frank Pala y el empuje del empresario nocturno Dimitri Fragoulias, el local se ha convertido en un recinto donde la cocina orgánica, los buenos tragos y la rumba se conjugan en un solo concepto, para que nadie tenga que salir a buscar la diversión a otro lado.

Conservando su diseño chic característico, el club emerge del estilo Art Deco para convertirse en una pieza más moderna, con toques orgánicos, como troncos de árboles ornamentales y una paleta de colores tierra, para la que juegan papel importante los siete imponentes chandeliers italianos de cristal Murano que penden del techo, dándole al local una delicada chispa de elegancia. Forma también parte del diseño una cabina telefónica tipo londinense a la entrada del lugar, que recibe a los visitantes con un toque original.

Todo este ambiente ha sido diseñado para pasar increíbles noches de diversión pura --eso sí, para los dispuestos a gastar una buena parte del presupuesto mensual para ese capítulo-- en las cuales comer rico, tomarse un provocativo coctel y luego pasar a su lounge para entretenerse con la música, bailando hasta el amanecer.

Así que el plan aquí es completo: primero, un tentador menú, creado por el aclamado chef Tim Andriola --quien actualmente ya no forma parte de la familia Bancroft--, provoca a los comensales con delicias orgánicas como las colombinas de pollo con curry rojo thai y arroz jasmine; o el salmón de Alaska con espárragos, tocineta y menta, por nombra algunas.

Luego de cenar, o de picar con algunos aperitivos, la movida es deleitarse con varios de los creativos cocteles ($16-$18) que ofrece la barra, entre ellos el Caramel Swirl Chocolate Martini, con chocolates blanco y oscuro, vodka de vainilla, jugo de naranja y syrup de caramelo, o el Bancroft Martini, mezcla de azúcar granulada, Bombay Sapphire, Germaine Liquor y rodajas de pepino.

Para los que prefieren un ambiente de relax, el local ofrece unos cómodos sofás blancos en su balcón con capacidad para 60 personas. Pero si la intención de la noche es bailar sin parar y gozar de un increíble sistema de luces y sonido, la movida es adentro, en su acogedor lounge, donde además de bartenders y meseros ``cuidadosamente'' elegidos --casi a manera de casting-- se puede disfrutar de un bar bien dotado, de la música del DJ de turno mezclando sonidos del mundo con la energía de la electrónica, y de una atmósfera 100 por ciento South Beach.

A la madrugada, Bancroft Supperclub ya está en su clímax, y despacha para sus casas a clientes satisfechos que lo tuvieron todo bajo el mismo techo: delicada mesa, buenos tragos y rumba hasta salir el sol.

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