Arte moderno

 

MAM: Rivane Neuenschwander

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ADRIANA HERRERA - Especial/El Nuevo Herald

‘Rivane Neuenschwander: A Day Like Any Other’, una exhibición curada por Richard Flood y organizada por el New Museum de Nueva York, en colaboración con el Irish Museum of Modern Art, se presenta en el Miami Art Museum, MAM. De manera paralela, este museo organizó una instalación satélite en el InterAmerican Campus de Miami Dade con el videoarte de su colección permanente Quarta-Feira de Cinzas/Epilogue (Miércoles de ceniza /Epílogo), realizado por Neuenschwander y Cao Guimarães.

La exhibición recoge una década del trabajo de Neuwnschwander (Belo Horizonte, Brasil, 1967), una de las artistas más inusuales, difíciles de clasificar y más capaces de suscitar en el espectador una experiencia poética.

La obra de Neuenschwander supone una alteración de la percepción usual de la realidad y del arte mismo, que va desde su proceso de representación hasta el tipo de interacciones que despierta. Profundamente interesada en registrar materias y acciones a las que no concedemos importancia o en indagar maneras de trasplantar prácticas populares y/o artesanales al campo del arte contemporáneo, así como en sabotear nuestra percepción convencional del tiempo y el espacio, Neuenschwander abre una puerta que renueva el asombro y activa otro modo de relacionarnos con el mundo.

Quarta-Feira de Cinzas capta el último día del carnaval de Brasil, a partir de sus restos: los incontables confetis circulares de colores abandonados en el suelo, que contingentes de hormigas se encargan de acarrear laboriosamente. De este modo extiende la festividad que se ha agotado para los seres humanos con ese otro ritual silencioso que ejecutan los insectos. De hecho, en algunas obras, ha recurrido a moluscos criados por ella, para que, al alimentarse con papel, ejecuten las formas de una suerte de continentes. Festividades y mapas -dos modos vernáculos de organizar el tiempo y el espacio de los seres humanos- son motivos recurrentes en su obra. Pero lo notable es la manera en que delega parte de su trabajo a la intervención de “asociados”, como los llama Peter Boswell, director asistente de programas y curador principal del Miami Art Museum, MAM, como los elementos, los insectos o la gente.

A la entrada de la exhibición dos relojes alterados marcan el día exacto de la semana y el mes, pero el año y los minutos están en cero. Es el umbral para entrar a otro modo de marcar y percibir el tiempo. As mil e uma noites possiveis (Las mil y una noches posibles) es un calendario único. Un collage sobre papel dividido en tres partes que señala los meses de la duración de su exhibición. Cada collage asemeja una imagen del cosmos iluminado y cada noche contiene uno de los cuentos del clásico de la literatura árabe, pero recortado en pequeñísimos círculos. Al aproximarse a la imagen estelar se perciben las letras de una historia que ya no podrá ser leída. Sólo queda un rastro de una narración atemporal que ahora se inscribe de otro modo en el museo.

La instalación Chove chuva (Lluvia llueve) está hecha con baldes de aluminio suspendidos del techo y llenos de agua que van derramándola, gota a gota, hasta llenar los que están sobre el suelo. Alguien en el museo debe subirse cíclicamente a una escalera para vaciar unos y llenar otros y reanudar el ciclo de esta lluvia que refiere no sólo a la circularidad -elemento constante en sus piezas- sino a la necesidad de la participación de la institución para que la obra se mantenga activa.

En la instalación Eu Desejo o seu desejo (Deseo tu deseo) las paredes están ocupadas por cintas de colores que llevan inscritos deseos formulados por otras personas. Ahora son los visitantes los responsables de dar continuidad a la circulación del deseo: cada cual toma una cinta con la que se identifica para anudarla a su muñeca, siguiendo una tradición que se inspira en la Catedral de Nosso Senhor do Bonfim de San Salvador de Bahía, donde las cintas sólo tienen esa inscripción, pero los feligreses les hacen tres nudos que contienen sus peticiones. En el museo, el deseo es explícito: debe anotarse en un papel y colocarse en el hueco que deja la cinta retirada. Luego se imprimirán estos deseos ahora formulados en Miami, que serán cargados a su vez por gente de otros lugares.

En Primeiro amor (Primer amor) los visitantes describen a un dibujante de la policía de retratos hablados, no el rostro de un delincuente, sino el de su primer amor. Los retratos van formando una instalación pública en la pared cargada de historias íntimas. Otra instalación reúne “esculturas involuntarias” hechas por gente anónima en bares de Brasil durante conversaciones nocturnas con materiales como cajas de cigarros, tapas de licor o servilletas. Son un pequeño monumento a la intimidad que en cierto modo desafía lo efímero de nuestra existencia.

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