Arte: El laberinto de Cronos

 

Video contemporáneo en el Design District

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Janet Batet | Curadora y crítica de arte.

Bajo el título Never Ending Moment, The Art Link Gallery, ubicada en el Design District, ofrece una interesante aproximación a la producción videográfica reciente de artista locales. La muestra comprende una selección de siete artistas (Juan Pablo Ballester, Consuelo Castañeda, Aleli Egues, Moira Holohan, Wes Kline, Cristina Molina y Ángela Valella) y versa en torno a la condición temporal inherente al medio videográfico.

La curaduría de la muestra corre a cargo de Ángela Valela, quien es conocida en la escena local tanto por su carrera artística (que incluye una variedad de medios tales como pintura, collage, instalación y video), como por su incansable gestión cultural. En este sentido, se impone mención a su más reciente proyecto: The Nightclub, que llevó a cabo interesantes indagaciones en la escena local a partir de charlas y exposiciones que, a pesar de estar circunscritas a un día, generaron un espacio de debate y análisis altamente enriquecedor.

En Never Ending Moment, Ángela Valella asume las piezas individuales incluidas en la muestra como secuencias cinematográficas que se integran una tras otra acentuando el sentido de ritornelo que anima la exposición. De hecho, todas las piezas seleccionadas, trabajan con el sentido de lo temporal renunciando a cualquier pretendida linealidad para concentrarse en una suerte de dislocación que responde más al tiempo psicológico que al tiempo real.

El otro recurso que domina en todas las piezas es el énfasis en lo procesual. La componente narrativa cede así paso a una elucubración íntima mucho más relacionada con el proceso creativo y vivencias personales.

A excepción de dos artistas (Moira Holohan y Wes Kline), los videos incluidos están desprovistos de sujeto. Esto, aunado a la subjetiva de la cámara, a veces en mano –como es el caso de Basado en hechos reales, 1999, de Juan Pablo Ballester o del travelling inestable como en Train, cold spring Manhattan, 2011, de Consuelo Castañeda, induce al espectador en una suerte de voyerismo, en el que él mismo deviene personaje central de los estados anímicos o de reflexión que secunda cada una de las piezas.

El carácter incompleto de los sucesos registrados es enfatizado por la edición empleada en los mismos. En algunos casos, el uso del loop sirve como reafirmación de lo temporal en tanto sentido cíclico y repetitivo que nos regresa indefectiblemente al punto de partida. La video instalación de Ángela Valella, Yes sir ten, 2013, nos presenta un cronómetro digital que, proyectado sobre una pelota de pilates, decrece sus números y antes de llegar al cero vuelve de nuevo al comienzo.

En otros casos, el uso del jump cut enfatiza la ruptura del ciclo, creando una tensión entre apatía y estado de conciencia. Tal es el sentido que anima Sleeping Minotaur, 2012, de Wes Kline. La cámara, siempre fija, muestra una composición en la que la figura central yace tendida sobre un fondo donde destacan elementos de realidad e irrealidad. La figura inamovible, es sacudida por un rapto de conciencia y, de repente, aparece sentado durante algunos fotogramas, para luego, otra vez sin transición, sumirse en el letargo.

Train, cold spring Manhattan, 2011, de Consuelo Castañeda, es un travelling en mano realizado por la artista durante uno de sus viajes a Manhattan. La velocidad del tren crea un efecto de rayonismo que convierte a la pieza en un mosaico abstracto que secunda el sentido de no-permanencia tan caro a esta obra.

Basado en hechos reales, 1999, de Juan Pablo Ballester es una de las piezas más logradas de la muestra. De alta carga introspectiva, el video filmado cámara en mano, es una narración en primera persona y constituye una suerte de autorretrato o disyuntiva identitaria.

En la primera secuencia, la cámara subjetiva muestra el paso apresurado que huye por callejuelas nocturnas hasta llegar a la parca habitación amueblada con unos pocos artículos: un colchón sobre el suelo con cubrecama de leopardo, unos libros y un gran mural que cubre la pared central con la vista paradisíaca de una playa provista de palmeras y la sol típica del trópico. Súbito, el interior inamovible, comienza a animarse a ritmo de la música que es una de las tonadas de moda en Madrid en el momento.

Por su lado, Mixer, 2013, de Moira Holohan nos presenta una video animación en la que la figura central se encuentra enfrascada en hacer girar la manivela de una maquinaria antigua. La intricada composición animada por el collage y el ritmo intermitente, crean una atmósfera onírica que enfatiza la carga enajenante que domina, desde el punto conceptual, esta pieza.

A la entrada de la galería, una pieza anónima, que compila diferentes momentos de las cámaras de seguridad del inmueble antes, durante y después de la inauguración, coadyuva a la idea central que motiva esta exposición, donde el tiempo en su calidad de ciclo irrevocable nos devela atrapados en un loop ad infinitum.

Never Ending Moment logra sacudirnos del tempo real para sumergirnos en espacios tangenciales que nos invitan a la reflexión interior, siempre hechizados por la omnipresencia de un Cronos infalible.•

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones, galerías y museos.

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