Arte e irreverencia social en La Colección Jumex

 

Es interesante la convergencia que existe entre las piezas de esta selección que miran los espacios abisales de sociedades distintas.

jumex.jpg
'Ball Total Equilibrium Tank', 1986. De Jeff Koons. Cortesía La Coleccion Jumex.
 

Adriana Herrera

En el prólogo a la edición americana de los Diálogos de Marcel Duchamp con Pierre Cabanne, Robert Motherwell remarca que, ``el más fascinante y más desconcertante inventor del arte contemporáneo'', nunca quiso usar sus actos creativos para imponer un nuevo lenguaje revolucionario, sino para proponer una actitud mental. En la misma edición, Dalí afirmaba que él, ``aristocráticamente había parado su ``juego'' para dedicar la mayor parte de su tiempo a jugar ajedrez, y anunciado proféticamente que otros jóvenes se especializarían después en el ``ajedrez del arte contemporáneo''. Ambas nociones son claves para recorrer la primera muestra en los Estados Unidos, de la Colección Jumex.

Su filiación es duchampiana, constituida con la enorme diversidad de exploraciones que parten del objeto encontrado. Los trabajos de arte juegan en buena medida con los procesos propios de la creación artística, e interpelan los contextos sociales. Sus transgresiones son sobre todo lúdicas, pero no se trata de una lúdica socialmente inofensiva: la misma precariedad de los materiales funciona --tal como advirtieron los curadores Raphaela Platow, Silvia Karman, y Víctor Zamudio Taylor-- como un signo de los tiempos y el modo en que traspasan las nociones de originalidad o autoría confronta tanto el funcionamiento del propio mundo del arte, como la situación del mundo exterior.

La interrogación que da título a esta muestra coorganizada por el Bass Museum, el Lois and Richard Rosenthal Center for Contemporary Art, y la Fundación/Colección Jumex, marca la dirección de una mirada en un punto crucial de encrucijada: Where Do We Go From Here? (¿A dónde vamos desde aquí?).

Es interesante la convergencia que existe entre las piezas de esta selección que miran los espacios abisales de sociedades distintas. La sociedad americana aparece vista a través de artistas como Andy Warhol. De ese ``niño del archivo'' que rindió culto a los dioses de la fama, poniendo en el mismo plano de ídolos a Mao y Marilyn, se incluye la icónica impresión sobre azul de esta última, pero también la pieza Five Deaths en la que reprodujo mecánicamente una y otra vez un accidente mortal de auto, una metáfora de la velocidad en una sociedad dominada por el paroxismo gráfico.

En el tipo de diálogos no lineales que la exhibición permite aparece la apropiación de la foto de Marilyn que Richard Pettibone hizo en forma de copias de bolsillo en una serie que también repitió a Duchamp o a Brancusi, y la que Claire Fontaine realiza con su carga de humor, e ironía no sólo artística y política, sino humana. Sobre la imagen de Marilyn copiada en blanco y negro, el texto ``No one is no one'' burla la originalidad artística, pero también trabaja en ese estatus de asimilación de opuestos, que caracteriza la actitud mental a este colectivo francés.

Distintos trabajos de arte propician diálogos intergeneracionales e intercontextuales a partir de los diversos modos de apropiación que surgen cuando el ``objeto encontrado'' es una obra de arte de un artista venerado. La casi yuxtaposición que hacen los curadores entre el Buddha de Sherrie Levine y las obras fotográficas de Louise Lawler, cuya obra también parte de apropiaciones, es en sí un modo de diluir los límites de autoría entre ambas artistas norteamericanas.

En las exploraciones de esta muestra acerca de la relación entre arte y antropología urbana se evidencia cómo las estrategias de creación pueden asemejarse, pero los distintos contextos marcan decursos diversos para el arte. Entre las huellas de Rudolf Stingel sobre espuma blanca en el Bass Museum y los invisibles pasos de Francys Alys filmando a los ``durmientes'' del D.F., hombres y perros tumbados en las calles, hay ciertamente miles de kilómetros.

Otro tipo de distancia --cada vez más insalvable-- que los curadores instalaron como una pieza central, es una blanquísima puerta de acero inoxidable y madera barnizada que tiene el letrero VIP y se titula: But I'm on the Guest List!. Esta obra de Michael Elmgreen@Inger Dragset cobraba plena vigencia local durante los días de Art Basel Miami Beach, pero refleja el funcionamiento cada vez más excluyente del universo del arte contemporáneo. La mesa de billar ovalada de Gabriel Orozco, que desafía las convenciones del objeto, se instaló rodeándola de la amplia serie Equilibres que Peter Fischli y David Weiss realizaron fotografiando objetos con los que armaban frágiles construcciones. De hecho, como advierte Karman, la noción del equilibrio se les reveló después del montaje de la exposición como un eje transversal que conectaba los distintos tipos de operaciones artísticas hechas con objetos encontrados --su lúdica, su ironía-- con el momento ``límite'' que atraviesa el mundo.

La última sala, dedicada al diálogo entre obras de artistas tan diversos como los pioneros Joseph Kosuth y John Baldessari, y emergentes como Minerva Cuevas, Gabriel Kuri, o Moris y Mike Bouchet, es crucial mencionar que la exclamación de Douglas Gordon escrita en la pared --What I Have Done-- conecta una visión doble: el transcurso del arte contemporáneo que refleja la Colección Jumex, y la desembocadura a la que arte y sociedad se abocan en este momento.

Speak Up!