Arte de Javier Valle Pérez

 

La atractiva muestra del artista nicaragüense Javier Valle Pérez se presenta desde principios de septiembre en The Americas Collection Gallery.

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Janet Batet

Connotation in Abstraction /Connotaciones en abstracción es el título de la atractiva muestra del artista nicaragüense Javier Valle Pérez, abierta el pasado viernes en The Americas Collection Gallery, con sede en Coral Gables.

Javier Valle Pérez (Managua, 1973) es una de las figuras claves que distingue al renovado panorama del arte contemporáneo nicaragüense. Renovación que participa, a su vez, del creciente auge de las artes visuales en el istmo centroamericano registrado durante la última década.

Valle, quien se graduó de la Escuela de Artes Plásticas de Nicaragua en 1998, ha venido

desarrollando una cosmogonía personalísima donde subconsciente y realidad, dibujo y pintura, arquitectura y fabulación se confabulan en gráciles armonías que invitan al espectador a un viaje fascinante.

La propuesta de Javier Valle destaca por el alto nivel de poesía visual donde el artista crea mundos de ensoñaciones sin par. Valle es un maestro del color. El acertado uso de los turquesas, amarillos y fucsias atemperados por los sienas crea una atmosfera onírica que funciona como marco ideal a la sui generis iconografía que puebla el universo de este artista.

Pero si bien Valle es un artífice del color, su calidad, en tanto dibujante, es esencial. Caricaturista durante años para algunos de los periódicos más importantes de Nicaragua como La Prensa y El Nuevo Diario, Valle utiliza el color para crear zonas, espacios, tensiones que sirven de marco a la eclosión de símbolos que pululan en sus cuadros.

De hecho, la percepción de la obra de Valle acontece en dos niveles. Una primera fase en la que el cuadro es contemplado a distancia y donde disfrutamos la cualidad pictórica del mismo, para luego, una vez cerca, adentrarnos en el magnífico enjambre que dibuja la línea. Valle utiliza un dibujo simple, que recuerda el trazo infantil, desprejuiciado. Muchas veces el artista se apoya en la línea blanca, delicada,

creando la sensación de que el trazo emerge del color a medida que nuestros ojos panean sobre la obra detallando aquí y allá.

Desde el punto de vista de la composición, domina el gusto por las ``zonificaciones''. Pareciera, por momentos, que asistimos a una obra de orfebrería donde las áreas de color son cloisonnées por el trazo del dibujo. Tal es el caso de La buseta, 2010, incluida en la presente muestra.

Otras veces pareciera que asistimos a vistas aéreas, complicadas arquitecturas de damero que traen a la mente nuestro pasado colonial, o laberintos ocultos bajo tierra.

En este sentido destaca El hormiguero I, 2010. Enteramente monocroma, esta obra realizada al óleo es exponente de la calidad de Valle en tanto dibujante. Efectiva alegoría de la vida agitada de la urbe contemporánea, El hormiguero I es también una fábula acerca de nuestros miedos, aciertos y fracasos en tanto ser social. Arriba, a nivel de la superficie, apenas se advierte movimiento, nada relevante parece acontecer. Mientras que abajo transcurre en tropel nuestra existencia, y apenas si nos damos cuenta.

Valle utiliza muchas veces la atmosfera distendida de sus cuadros para introducir temas vitales de nuestra contemporaneidad, como es el caso de Juguetes de guerra, 2010. La bella pieza, nos presenta una vista a vuelo de pájaro de lo que parece ser una base militar donde aviones blindados, tanques de guerra, trenes y submarinos invaden déspotas el espacio común. La travesía pausada a través de los caprichosos artefactos mecánicos que contaminan el medio ambiente con sus gases tóxicos se impone. En medio de la barroca composición, un pequeño cochecito de bebé nos roba la tranquilidad. Provisto de hélice amenazante, el mutante artefacto nos advierte sobre nuestro legado a las nuevas

generaciones.

Otras obras como Paraguas y La casa, ambas del 2010 e incluidas en la exposición, se imponen por el alto nivel de inocencia e intimidad logradas. Aquí asoma otro importante rasgo que tipifica la obra de Javier Valle Pérez. Sus cuadros son de un nivel de humanismo y sensibilidad impresionante aunque, curiosamente, la figura humana está siempre ausente. Valle recrea ese espíritu en primera instancia gracias a la cualidad de su dibujo vibrante y espontáneo que nos imprime la sensación más de bosquejo que de obra acabada, más del garabateo ingenuo, que de la grave obra de arte que muchas veces crea en el receptor una sensación de distancia insalvable. Luego, los íconos que pueblan sus cuadros son el vestigio del humano, incitándonos a crear nuestra propia fábula a medida que navegamos la obra.

La casa deviene crucial en este sentido. La suficiente estructura romboidal sobre pilotes contiene un sin número de historias en cada una de las piezas que alberga. La inserción de elementos como refrigeradores y televisores provistos de ruedas recrean una dualidad entre la vida sedentaria y nómada, que invita a reflexiones esenciales sobre nuestra sociedad.

Connotaciones en abstracción es una muestra muy disfrutable. Una suerte de oasis en medio de la vorágine cotidiana y la retórica conceptual que domina el panorama del arte contemporáneo.

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