Arte: Bass Museum

 

Siglos de historia del arte en diálogo

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ADRIANA HERRERA | curadora y crítica de arte

La idea que dio origen al inicio de la historia del arte como disciplina fue el deseo de Giorgio Vasari (1511-1574) de estudiar la antigüedad artística con la perspectiva de ver sus efectos en el arte contemporáneo de entonces, que hoy identificamos como renacentista. Aunque todo arte es contemporáneo de la época en la que surge, pues pertenece a su tiempo, no sólo existe una tendencia a restringir esa denominación a la creación actual, sino que en las últimas décadas las exhibiciones tanto de museos e instituciones, como de ferias y bienales, marcaron en general una tajante división entre la antigüedad y la contemporaneidad.

Sin embargo hoy ha retornado esa perspectiva histórica que dio origen al libro en el que Vasari narró las vidas de los más famosos artistas de su época y que le propuso subvencionar a un coleccionista durante una cena en honor del papa Paulo III. Por fortuna, así como se ha superado la tácita censura a todo intento de mencionar la biografía del artista, al hablar de su obra, cada vez se realizan más exhibiciones de carácter diacrónico. Es decir, que permiten contemplar la manera en que diferentes épocas han abordado temas similares y abren abren campo a un diálogo entre la historia y el hoy.

Acorde con esta perspectiva que desborda el sistema de creación de una misma época, en los últimos años el Bass Museum of Art, dirigido por Silvia Karman Cubiñá, ha presentado varias exhibiciones que propician este diálogo crucial. “Es una tendencia que se está expandiendo, pero además, en una ciudad como Miami Beach en la que todo es entrecruzamiento entre la historia reciente y el tiempo presente, uno está impelido a retomar la historia y a explorar esos paralelos. Quienes disfrutan del actual arte contemporáneo sienten así que las obras clásicas recobran o reactualizan la energía de su creación, y quienes aman el arte antiguo encuentran un puente y una nueva posibilidad de mirada hacia lo contemporáneo”.

Continuando con exhibiciones colectivas precedentes como The Endless Renaissance, 2009, Art Selections From The Collection In Conversation With Contemporary Works realiza este entrecruzamiento entre tiempos diversos. De este modo, con la curaduría de Roger Ward y Karman Cubiñá se reunieron piezas de la colección permanente del Bass con otras de artistas contemporáneos de diversas generaciones, tendencias y países: Peter Voulkos (Estados Unidos, 1924-2002), Ana Mendieta (Cuba, 1948- Estados Unidos, 1985), Janine Antoni (Bahamas, 1964), Rimma Gerlovina & Valeriy Gerlovin (ambas nacidas en Rusia, en 1951 y 1945 respectivamente), Anneè Olofsson (Suiza, 1966), la artista local Michele Oka Doner y el emergente cubanoamericano Manny Prieres.

Uno de los temas que se presentan es el retrato. El curador Ward explica cómo, bajo la influencia de autores modernos en el renacimiento como Dante, Petrarca o Pico della Mirandola, las pinturas de la Virgen María con el niño cobraron un matiz menos rígido que en el estilo bizantino y se popularizaron. “Botticelli (1444-1510) y Rubens (1577-1640) crearon trabajos, a veces para exhibición pública, que glorificaban tanto la humanidad de María, la adorable madre de un infante, como su divinidad como Reina del Cielo, objeto de un culto por derecho propio”. Paralelamente, la búsqueda de la diosa madre fue una fuerza predominante en el lenguaje de la tierra y los solitarios performances que Ana Mendieta realizó con su cuerpo desnudo inmerso en los elementos. El ritual que ejecuta en el video Corazón de roca con sangre, 1975, revela las raíces internas de una búsqueda asociada a un retorno al origen mucho más antiguo que a la isla perdida en la adolescencia. La inclusión de obras de su serie de siluetas abre otra puerta de acceso a lo sagrado en la exhibición. También las piezas de Antoni y Olofsson refieren directa o indirectamente al tema de la maternidad, si bien la ambigua fotografía de la primera sugiere un darse nacimiento a sí misma, y la serie de ocho retratos de mujeres de Anneè Olofsson, titulados como la canción de Gerry Goffin y Carole King - Will You Still Love me Tomorrow- pueden asociarse a la ansiedad femenina de existir en la mirada del otro asegurando algún modo de perduración.

La selección de la pintura azul en las paredes hace eco a otro aspecto que destaca Ward. El lustroso azul ultramarino que abundaba en la paleta de los renacentistas -junto con un rojo carmesí- era uno de los pigmentos más costosos y su extracción provenía del lapislázuli, de modo que había una asociación entre retratar a los personajes sagrados de un modo opulento. Esa asociación implicaba que “un trabajo que había sido creado a tan gran costo era a la vez una prenda de prestigio -riqueza y poder- de la persona que lo había comisionado o comprado, o ambos”. No ocurre menos con la presencia de las piezas de arte contemporáneo prestadas en su mayoría por coleccionistas locales.

Es interesante en cambio la cercanía estética que existe entre las jarras con alusiones cósmicas o rituales que pueden incluir desde un vaso que representa una escena funeraria data desde el año 330 a.c. hasta las porcelanas coreanas del siglo XIV, los cálices con escenas del cristianismo del siglo XIX o un vaso de plata de Oka Doner y la base para una lámpara de Voulkos: nos remiten a la existencia atemporal de lo arquetípico.

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