'Dos más dos'

 

Graciosa y picante aventura 'swinger.'

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La atrevida 2 + 2 ( Dos más dos) divierte de deliciosa manera. La fórmula para lograrlo está en su guión, lleno de escenas magníficas y un cuarteto de buenos actores argentinos, con un muy convincente Adrián Suar ( Una novia para mi mujer) liderando la acción dramática.

El filme, del porteño Diego Kaplan, se mete en palabras mayores en materia de sexo: el intercambio de parejas o el swinging, y prueba que para hundirse en los infinitos vericuetos de la sexualidad humana no se necesitan exhibiciones anatómicas más propias de película XXX. De manera que aquí los oídos irán por delante de los ojos.

Se trata de hablar entre dos parejas de un asuntillo íntimo muy escabroso y de soltar las riendas a sus fantasías. Para concentrarse en el tema, los guionistas Daniel Cúparo y Juan Vera, despojan a sus personajes de otras necesidades y preocupaciones de la vida. Ellos, Diego (Suar) y Richard (Juan Minujín), ambos cardiólogos y socios de una prestigiosa clínica; ellas: Emilia (Julieta Díaz), comentarista de televisión, y Betina (Carla Peterson) diseñadora de modas, tienen sus vidas económicamente resueltas. Y sus problemas se centran en el plano íntimo y espiritual. Una de las parejas ha caído en la monotonía sexual; en cambio el otro par trasluce una fogosidad viva, y la causa de tan buena pinta de amantes parece ser el libre estilo que han dado a sus relaciones.

Los abiertos y desprejuiciados amigos intentan atraer a los otros a su fórmula de felicidad conyugal: el intercambio de parejas. Pero mientras el tema le mueve el gusanillo del deseo a Emilia, el horrorizado Diego es reacio a aceptar la idea de involucrarse en esos cambalaches carnales. Sin embargo y a regañadientes, accede a asistir a una fiesta de swingers, luego de acordar con su mujer que si él pronuncia la palabra: “suspicacia” significará que habrá que salir corriendo. La fiesta es un deleitoso momento, donde una figura secundaria (Alfredo Casero), especie de maestro espiritual del “swingeo”, que ve la práctica como una “utopía socialista” le sube el picante a la historia.

Cuáles son los límites de la apertura sexual de los personajes y hasta qué punto se atreven a romper barreras sin involucrar sentimientos, es la pregunta. Un tema espinoso que el filme expone –sin un ápice de banalidad– a través de situaciones y diálogos tan finamente graciosos y naturales que lo convierten en un espectáculo muy disfrutable, lleno de chispa, agudeza y… suspicacia.

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