'Bad Girls' y buen arte

 

Uno de los arquetipos eróticos más extendidos en nuestra sociedad procura jugar con la subversión de roles dotando así al sexo femenino de un papel dominante, no exento de violencia.

kitten
'Kitten', 2009. Técnica mixta sobre lienzo.
 

Janet Batet

Uno de los arquetipos eróticos más extendidos en nuestra sociedad procura jugar con la subversión de roles --en tanto tradición histórica heredada-- dotando así al sexo femenino de un papel dominante, no exento de violencia. En este peligroso coqueteo donde la fragilidad y la belleza dejan de ser mero receptá***** o imagen del deseo --al decir de Lacan-- para encarnar lo que Lipovetsky da en llamar la tercera mujer --en contraposición al rol descrito por su coetánea Beauvoir en su libro El segundo sexo-- se ubica la propuesta de Natalie Silva (Landstuhl, Alemania, 1962) que nos adentra en el intrincado universo donde sexo y violencia van de la mano.

Girls with Guns (Muchachas con pistolas) es el nombre de su más reciente serie al tiempo que da nombre a la muestra que la artista nos ofrece en la galería Dot Fyftyone, ubicada en el Design District. El tema no es nuevo. Vasta es la iconografía de la bad girl que inunda nuestra cotidianeidad. Desde la iconográfica pareja de Bonnie and Clyde hasta las chicas de Tarantino, o las mangas japonesas, todo respira ese halo de erotismo ligado a la violencia, donde la muerte lamentablemente actúa como condimento esencial que exacerba todos los sentidos.

La exposición que ahora nos ocupa, de fuerte identificación con la cultura pop americana, se erige comentario propicio acerca de la sociedad contemporánea que --según la propia artista-- está cada vez más despojada de amor, cimbrada por urgencias de índole económica y presiones sociales, que relegan el ámbito espiritual a un último escaño.

Natalie Silva se obsesiona por la pintura desde muy temprana edad cursando estudios en Alemania, Italia y Estados Unidos; siendo estos dos últimos países entre los que la artista comparte actualmente residencia. Sus obras, centradas siempre en lo pictórico, se emplazan invariablemente en lo humano. En ellas domina el retrato en tanto género que permite un acercamiento psicológico descarnado. Sus personajes tienen un obvio arraigo urbano. Aún cuando la presente serie de Silva no emplaza sus personajes en un espacio físico concreto, sino que aparecen suficientes sobre el fondo neutro --generalmente gris--, las aptitudes y situaciones del retratado nos lleva inequívocamente al ambiente citadino.

La estridencia del color reafirma también del ambiente donde las luces de neón y repentinos cambios de luz implican tempos acelerados, marcado por la inmediatez, donde nada perdura, comprometida la estabilidad en pos del cambio y la violencia. Tal es la atmosfera que secunda las bad girls que pueblan los cuadros de Natalie Silva y que desprovistas de toda pudicia, arremeten amenazantes contra todos. El contraste es una constante en la serie, coexistiendo fríos azules con cálidos rosas. El rasgo apurado de la brocha --más que del pincel-- nos reafirma el signo de transitoriedad y premura que a nivel conceptual cimbra la muestra.

La obra de Natalie Silva se emplaza en la cultura de masas que domina la sociedad contemporánea contaminando nuestra cotidianeidad a través de la televisión, el cine, la publicidad, los juegos de videos, y las historietas, entre otros; adentrándose en nuestros hogares peligrosamente hasta imponer un modo de vida que muchas veces se revierte contra nosotros mismos. En tal sentido, su obra es crónica, denuncia y advertencia a un tiempo, de ahí que la artista escoja como momento a perdurar, el ínfimo sesgo climático donde la violencia todavía en ciernes y en pleno control, parece más bien un juego, un coqueteo sensual cuyas implicaciones apenas si asomamos a imaginar.

Su Mona Lisa (2009) es sintomática en este sentido. Una mujer, de cabellera fucsia y cigarrillo en boca, nos apunta desafiante con la pistola. No sabemos a ciencia cierta si nos provoca en audaz preludio amoroso o nos arrebata la vida. El arma en primer plano, se interpone como mediadora de las relaciones que intuimos amorosas por el torso desnudo. El uso de planos contrastantes de color que trabajan los volúmenes como superficies cortantes contiene en sí algo macabro, suerte de anticipación del desenlace fatal, recurso también presente en obras como las series de Marilyn Monroe de Andy Wahrol. El fondo gris, es tan sólo el plano que acoge al personaje, una suerte de mujer fatal heredada del cine negro americano tan de moda por los años 30 y 40 del siglo veinte en las pantallas americanas.

La vibrante obra de Natalie Silva se inscribe definitivamente en el legado de artistas como Cindy Sherman, Barbara Kruger, Jenny Holzer and Jennifer Linton, entre otras, donde el arte de naturaleza feminista y de compromiso social comparte un mismo terreno de denuncia.

Girls with Guns (Muchachas con pistolas) es una muestra desafiante de calidad pictórica ineludible. Es también una advertencia y un reclamo.

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